diumenge, 25 de juliol de 2010

El joc i el llibre


"Pese a que yo guardaba una cauta distancia de unos diez metros, las letras y los colores anarajados de la caja resultaban perfectamente visibles y familiares: era el Tercer Reich, mi Tercer Reich. ¿Qué hacía el Quemado, a esas horas, con mi juego? ¿Acaso había ido al hotel e Ingeborg por despecho se lo había regalado? ¿Lo había robado? Preferí esperar sin hacer ninguna clase de preguntas pues intuí que en la oscuridad, entre el mar y el Paseo, había otra persona y pensé que ya tendríamos tiempo el Quemado y yo para resolver nuestros asuntos en privado. Así que me quedé en silencio y aguardé. El Quemado abrió la caja y comenzó a desplegar el juego en el parapeto. Va a estropear las fichas, pensé, pero seguí sin decir nada. La brisa nocturna movió un par de veces el tablero. No recuerdo en qué momento el Quemado dispuso las unidades en unas posiciones que nunca antes había visto. Mal asunto para Alemania. Tú llevas Alemania, dijo el Quemado. Tomé asiento en el parapeto, frente a él, y estudié la situación. Sí, mal asunto, todos los frentes a punto de romperse y la economía hundida, sin Fuerza Aérea, sin Marina de Guerra, y con un Ejército de Tierra insuficiente para tan grandes enemigos."